viernes, 7 de mayo de 2010

LAS AMISTADES PELIGROSAS (I)


Está bien extendida la teoría de que "los hombres y las mujeres no pueden ser amigos", aunque la cosa se debería ampliar mucho más para cubrir el vacío legal que se establece entre gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, pansexuales, etc. (y todas sus posibles combinaciones) para quedar así: "las personas que se puedan encontrar atractivas aunque sea durante una fracción de segundo a lo largo de su relación, no pueden ser amigas".

Admito que nos cargaríamos más del 50% de las relaciones de amistad del planeta, pero oye, viviríamos más tranquilos. Porque está demostrado que si alguien te puede atraer sexualmente, en algún momento te atraerá, y si no, le atraerás tú:

Escenario 1: Barbara Cartland cogió su fusil

Estás ahí, con tu amigo del alma, riéndote de las payasadas que te está contando sobre el último pedo que se cogió/chica que se ligó/partido que jugó, y de repente se oye un click en tu cabeza, y ya nada vuelve a ser lo mismo. De repente le miras y lo que antes te parecía super familiar, fraternal e incluso cómodo, ahora te da la impresión de verlo por primera vez con los ojos de otra tía, que además está bastante salida y es una pava, la pobre... Y cuando eso ocurre, comienzan los pensamientos tipo "sí, me gusta; es mi amigo, cómo no me va a gustar... Pero como soy una mujer muy racional y madura, puedo dejarlo a un lado y continuar con esta amistad tan entrañable que... (¡joder, le he mirado el paquete!)".

Como a él le ocurra los mismo, comenzará una espiral de ruina moral de sonrojos y estupidez que sólo puede acabar de una forma: o con la compra de un billete al Yemen, o con un polvo. Como todavía no sé de nadie que se haya ido a vivir al Yemen, pero sí que sé de muchos amigos que han acabado acostándose, pues la cosa está clara.

¿Qué cómo acaba? Pues me da pereza sólo de pensarlo... Os gustáis mucho, os queréis mucho, después de ese polvo viene otro, y otro, y otro y cuando os queréis dar cuenta estáis metidos en una relación, con lo que vuestro destino ya será el de cualquier pareja (para bien o para mal). El inconveniente es que ya no tendréis a vuestro mejor amigo para contarle los problemas que surjan con vuestro novio, ni ese hombro sobre el que llorar si se termina la relación.

Escenario 2: Shanghai Surprise!

Estás con un colega en el coche una noche, escuchando música y preguntándote en un mini segundo de lucidez "por qué coño éste se está haciendo tantos canutos si a este paso voy a necesitar un trasplante de pulmón..." cuando de pronto la conversación se vuelve algo extraña. Corrijo: no es extraña, es que ¡estáis hablando de sexo! Sí, debe de ser que ya llevabais un rato hablando de ello, lo que pasa es que estás lenta de reflejos. De hecho es más que probable que no sea la primera vez que surge el tema en vuestras conversaciones. Y lo que es seguro es que no es siempre él el que saca el tema.

[Nota: sobre el mortífero riesgo que supone hablar de sexo con amigos, no creo que sea necesario extenderse y sin embargo debe de ser la principal causa de mortandad de la amistad que se conoce, por lo que debería prohibirse terminantemente bajo penas de cárcel].

El problema es que esa noche te ha pillado totalmente desprevenida y no esperabas encontrarte de repente en esta tesitura (vamos, que estás sin depilar...). Tu colega tampoco es que sea precisamente el Kierkegaard de "Diario de un seductor", de hecho te está recordando más al Jay de Kevin Smith, porque está admitiendo que la conversación le está excitando y, ante tu risa nerviosa, no se le ocurre otra cosa que demostrártelo empíricamente (ah, se ve que éste es más de Kant) ¡¡enseñándote su Silet Bob!!, del que debe de estar especialmente orgulloso porque si no, no se explica.



¿Qué cómo acaba? Pues obviamente cuando se pasa el pedo todo da mucha vergüenza y tu colega te empieza a esquivar como si te debiera dinero y tú empiezas a sentirte bastante estúpida, por lo que hace falta ser muy maduro o pasar por muchos años de terapia para que "el asunto Bob" no planee sobre vosotros por el resto de la vida de vuestra maltrecha amistad.

Continuará...