domingo 9 de mayo de 2010

LAS AMISTADES PELIGROSAS (II)

Escenario 3: Si tu eres gay, yo soy Geisha...

Como buena gayhetera que se precie, sales una noche con tu amigo por Chueca (aunque con el temita de la moda Bear más parece que te has colado en el cuento de "Ricitos de Oro y los mil osos"...).

A ti te encanta salir con él por los sitios de ambiente (pero tampoco muy a menudo que tú no eres una Mariliendres, ¿eh?): Se puede bailar montando numerazo sin que te hagan corro, los tíos huelen bien y no arriman cebolleta al pasar a tu lado aunque el bar esté atestado, y los baños de chicas están siempre vacíos (cuando los hay, claro).
Tu amigo y tú tenéis una gran complicidad y afinidad de gustos, tanto que hasta os llamáis a vosotros mismos "las mellizas", pero sin mariconeos, es decir, que tu amigo es un gay que, pudiendo ser muy petarda cuando quiere, no va soltando más pluma que un edredón nórdico. Además él ha estado con mujeres, aunque tenga claro que es marica.

No, si claro, lo tiene clarísimo, ¡pero esa noche te acaba metiendo la lengua hasta la traquea en los baños del The Angel mientras intentas ponerte unas rayas sobre la cisterna del W.C.!

¿Qué cómo acaba? Pues muy fácil: con la frase "Coño, cómo pinchas" y saliendo del baño divinos los dos tocándonos sutilmente la nariz. No tiene sentido darle importancia a lo que no la tiene...

Escenario 4: Mujer faltal o fatal como mujer


Es una de esas noches en las que te sientes Linda Fiorentino y estás en un bar, charlando intrascendentemente con un amigo al que conoces hace tiempo y al que, últimamente, le estás encontrando un atractivo físico inesperado (puede ser porque le conoces desde que es un crío y no terminas de procesar el hecho de tener que levantar tanto la cabeza para mirarle a la cara y no a la nuez o esos bíceps sorprendentemente ceñidos por la manga de su camiseta, que estás segura de que no venían de serie).

En algún momento entre la segunda y la tercera copa has decidido que te lo vas a tirar (pensareis: Vaya loba..., ¡y qué creída!, pero recordad que es Linda quien habla), así que empiezas a minar la conversación de pequeñas insinuaciones sexuales y de indirectas sutiles acompañadas de miradas pícaras.

Nada. No se entera. Sí, te ríe las gracias y la conversación está muy animada, pero el chico no tiene ni la menor idea de lo que está pasando, aunque le parezca muy divertido: Te ve como una amiga, una amiga mayor que él , para más inri...

Tu estrategia pasa al siguiente nivel: más insinuaciones sexuales e indirectas mucho menos sutiles, tocamiento casual (¡sí, claro!) del brazo del interfecto (¡esos bíceps tienen que ser míos!) aderezados con carcajadas pseudo-orgásmicas o de miradas quasi-violadoras.

Sigue sin enterarse. A este chico ¿qué le pasa? Que no le parezcas atractiva no va a ser, porque has cazado alguna que otra mirada fugaz a tu escote... Vale, eso es que ya te ve un poco menos como amiga y mucho menos mayor.

Decides echar el todo por el todo y aprovechar algún resquicio para entrar a matar. Te está contando una fantasmada como que hace 200 flexiones al día (eso lo explicaría todo...) así que sólo por el placer del coqueteo le dices que no te lo crees. Él, muy digno, empieza a argumentar con unas explicaciones muy técnicas que le ha debido dar su preparador físico, pero tú le cortas con un "menos lobos" mirándole fijamente con una sonrisa pérfida. Él ha olido el desafío y por su mirada, notas que está a punto de caer en tu trampa... Cuando finalmente suelta el "¿qué te apuestas?", tú ya empiezas a saborear la victoria.

Porque la única respuesta posible a esa pregunta es, sin lugar a dudas: "un polvo". En ese momento casi te da pena: su pobre cerebro postadolescente está al borde del colapso y tarda varios segundos en contestar, con la mirada algo perdida y la misma cara que si le hubieran pedido un comentario de texto de "La insoportable levedad del ser": "Pero entonces... yo gano de todas formas..."

¡Ya es tuyo!

¿Qué cómo acaba? Si el chico es listo, podréis disfrutar de una buena temporada de sexo deportivo, e incluso podría llegar a convertirse en un follamigo oficial. Pero sólo si es listo y no pretende que la cosa vaya más allá, porque no parece probable que algo que comienza Linda acabe en amor eterno.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimada Doctora Beach:

Me encantan sus ilustrativos artículos y espero con ansía las siguientes entregas. ¿Nos puede adelantar cuales van a ser los siguientes temas?

Una servidora y amiga,
S.S.

Anónimo dijo...

¡Me encanta!

Tengo que empezar a practicar las carcajadas pseudo-orgásmicas y las miradas quasi-violadoras hoy mismo. Sin falta.

Una seguidora y amiga,
U.T.

Sylvia Beach dijo...

Querida S.S.
Como creo ya le comenté en una ocasión, tengo pendiente la redacción de una entrada sobre mi modelo favorito de hombre: Doctor Darcy y Mr. Heathclif. Pero reconozco que estoy padeciendo cierto bloqueo...

Un afectuoso saludo
Dr. Beach

Amiga U.T.

Las carcajadas pseudórgásmicas son, desde luego, de gran utilidad práctica. Pero yo le deseo que lo que practique Ud. con frecuencia sean los orgasmos pseudo carcajeantes, son más placenteros.

Con cariño sincero
Sylvia Beach