
Sí, habéis oído bien, me torturan de nuevo los pensamientos lúbricos, encerrados por tantos meses en las cavernas de la hibernación.
"Edward, darling, que se me escapa el pis..."
Si escoger es renunciar, ¿entonces por qué elegir si nos podemos quedar con los dos? ¿Os imagináis que estupendo para alternarlos según la estación como si fueran uno de esos colchones con lado de invierno y lado de verano? ¿Será esto lo que llaman “amor crepuscular”? Me podéis parar cuando empiece a parecerme al Dirk Bogarde de “Muerte en Venecia”…
Aunque os digo que la cosa está clara: esta primavera se llevan los jovencitos, como se llevan las gafas de pasta o las sandalias de cuña. No hace falta que os mencione a Kutcher y su pareja, la ahora más que nunca Gimme Moore, o la no-tan-nueva-y-pelín-reaccionaria serie de Courtney Cox; para mí el buque insignia de las cougar es y será Samantha Jones, esa working girl capaz de enamorar a un absolut cachas, curarse el cáncer y tomarse unos Cosmopolitan sin despeinarse las canas del pubis.
"Este mozo me va a pegar con todo..."
Parece que ya hay una barrera menos que nos separa de los hombres: todos babeamos al contemplar la rotunda e implacable belleza de la juventud. Y en verdad os digo, hermanos, que si pueden conducir, los puedes seducir. ¿Verdad, Mrs. Robinson?



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